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04 July 2009 @ 12:33 pm
 

Inseguridad

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Aquellos pasillos tan angostos lo intimidaban, parecía que no tuviesen más fin que el que la oscuridad les otorgaba.  Los pasos de sus padres y los suyos resonaban en las paredes, contrastando con el sigiloso andar del shinobi que los guiaba.

Yuito jamás había entrado en ninguna otra vivienda aparte de la suya, pero estaba convencido que su ruinosa casa se parecía más a un hogar que aquel sitio. Además de estar mal iluminado con la débil luz de unas antorchas casi gastadas por completo, podía notar la humedad de los muros colándose en sus huesos. Apretó más fuerte la mano de su madre cuando el shinobi paró frente a una gran puerta de madera y tocó dos veces.

Del interior un tosca voz los indicó que pasaran. El despacho estaba mejor iluminado que el resto del edificio. La pared del frente estaba ocupada por una mesa y una silla de madera oscura roída por el tiempo, y tras ellas había un gran mapa de las naciones ninja que ocupaba toda la pared.  De espaldas a todo eso, se encontraba un hombre corpulento y serio, cubierto de numerosas heridas de guerra.

Se han retrasado su voz era aún más dura que su aspecto.

El mal tiempo nos hizo caminar más despacio  —explicó el padre de Yuito con un hilo de voz. La mirada inquisitiva de aquel hombre lo cohibía.

¿Este es el chico?  —preguntó.

S-Se llama Yuito —explicó nerviosa su madre, convenciéndose cada vez más de estar cometiendo un grave error dejando allí a su hijo.

A partir de ahora está bajo nuestro mando. Nos ocuparemos de sus necesidades y entrenamiento a cambio de sus futuros servicios a esta unidad ANBU pasó la mirada del rostro del padre al de la madre-  Podrán venir a visitarlo una vez al mes como acordamos.

 
Disculpe, pero tenía entendido que las visitas podían ser dos veces al mes  —dijo el padre de Yuito dubitativo.

Pues entendió mal. No zanjó. Parecía cansado y con ganas de terminar cuanto antes. Hiroto, llévalo a su habitación.

Sí, señor obedeció el shinobi que los había guiado hasta allí. Se acercó  a Yuito y colocó una mano en su espalda para instarlo a salir de la habitación.

Yuito no protestó y comenzó a andar, mirando por encima del hombro a sus padres mientras salía por la puerta. Ahora que no tenía la mano de su madre para aferrarse, aquel laberinto de corredores y pasillos le parecía mucho más tenebroso. Se sentía inquieto entre aquellas paredes que estaba seguro que jamás llamaría hogar. Escudriñaba cada sombra temiendo lo que se pudiese estar oculto en ellas, como si de repente pudiese salir alguien a atacarlo. Se sentía terriblemente indefenso e inseguro en aquel lugar.

 
 
 
 

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